Opinión
El eclipse de la Globalización
En diciembre de 2025 participé en la sesión plenaria del Círculo de Montevideo, en un panel titulado El eclipse de la globalización. Allí propuse interpretar la etapa actual de la globalización a partir de la interacción de tres grandes fuerzas: la tecnología, las políticas públicas y la geopolítica.
Había adoptado ese marco de análisis unos meses antes, a partir de un valioso trabajo publicado ese mismo año por el Centre for Economic Policy Research (CEPR): The State of Globalisation, editado por Richard Baldwin y Michele Ruta. El volumen reunía contribuciones de destacados economistas basadas en investigaciones presentadas en una conferencia organizada en abril de 2025 por el Fondo Monetario Internacional y el Center for Advanced Research in Finance de la Universidad de Tokio.
Sobre esa base, mi contribución consistió en comparar dos ciclos. El primero, iniciado con la caída del Muro de Berlín, estuvo caracterizado por una extraordinaria intensificación de la integración global. El segundo, que define la etapa contemporánea, comenzó con la crisis financiera de 2007-2008 y se caracteriza por la creciente fragmentación de la economía mundial.
Las guerras comerciales, la proliferación de estándares nacionales y las condiciones impuestas a las inversiones consideradas críticas pueden generar la impresión de que el mundo se está “desglobalizando”. Sin embargo, la evidencia dista de confirmar esa hipótesis.
Parte de la confusión surge de comparar el presente con un período excepcional, durante el cual la tecnología, las políticas públicas y la geopolítica se aceleraron en una misma dirección. Una serie de acontecimientos financieros, comerciales y geopolíticos rompió posteriormente ese alineamiento y empujó esas fuerzas en direcciones divergentes.
La globalización, por lo tanto, no estaba desapareciendo. Estaba ingresando en una etapa de fragmentación provocada por la creciente divergencia entre fuerzas que, durante la era de la hiperglobalización, habían actuado con una extraordinaria convergencia.
La evidencia acumulada desde entonces confirma, en términos generales, ese diagnóstico. También pone de relieve un fenómeno cuya magnitud todavía no era evidente: el papel de la inteligencia artificial como una fuerza que, simultáneamente, concentra capacidades estratégicas y genera nuevos flujos de comercio e inversión.
Una globalización que se reorganiza
La divergencia entre tecnología, políticas públicas y geopolítica no ha detenido la globalización, pero está modificando su geografía y su funcionamiento.
Las consideraciones de seguridad económica influyen cada vez más sobre decisiones que antes respondían fundamentalmente a criterios de eficiencia. Los gobiernos recurren a aranceles, subsidios, controles de exportación y restricciones a la inversión para proteger sectores estratégicos. Las empresas, mientras tanto, diversifican proveedores, desarrollan capacidades redundantes y reorganizan sus cadenas de abastecimiento para reducir riesgos.
El resultado no es una retirada generalizada del comercio y la inversión internacionales, sino una reorientación de sus flujos. Algunas relaciones económicas —particularmente entre Estados Unidos y China— se debilitan, mientras otras se intensifican. Crecen el comercio dentro de determinadas regiones, los intercambios Sur-Sur y la participación de países que funcionan como conectores entre los principales bloques.
La integración persiste, pero se vuelve más selectiva, redundante y costosa. La eficiencia ya no es el único criterio que gobierna la organización de la producción; ahora debe coexistir con la resiliencia, la seguridad y la autonomía estratégica.
La evidencia reciente respalda esta interpretación. La OCDE concluye que las cadenas globales de valor mantienen un elevado grado de integración. En lugar de repatriar masivamente la producción, las empresas están diversificando proveedores y redistribuyendo sus operaciones. La tendencia predominante es la reconfiguración, no la desglobalización.
Las investigaciones publicadas durante 2026 también señalan la aparición de un nuevo orden comercial en el que la competencia geopolítica desempeña un papel más importante, pero los acuerdos regionales y plurilaterales continúan sosteniendo un sistema internacional todavía regido, en gran medida, por reglas.
La globalización fragmentada presenta así una aparente paradoja: combina rivalidad política con interdependencia económica, mayores restricciones en sectores estratégicos con nuevos flujos de comercio e inversión, y una creciente regionalización con cadenas productivas que continúan siendo globales.
Inteligencia artificial: concentración e integración
La inteligencia artificial agrega una nueva dimensión a este proceso.
Por un lado, concentra poder económico y estratégico. Los semiconductores avanzados, la capacidad de cómputo, los centros de datos y los modelos de frontera están dominados por un número limitado de empresas y países. Esto intensifica la competencia por las tecnologías críticas y contribuye a explicar el uso creciente de subsidios, controles de exportación y restricciones a la inversión.
Por otro lado, esa misma concentración genera nuevos flujos internacionales. La construcción de centros de datos, la fabricación de procesadores, la demanda de energía y minerales críticos y la prestación de servicios digitales están impulsando el comercio y las inversiones en numerosos mercados.
La OMC estima que el volumen del comercio mundial de mercancías creció 4,6% en 2025, casi el doble de la tasa inicialmente prevista. Los bienes vinculados con la IA explicaron cerca de la mitad de ese crecimiento, pese a representar solamente alrededor de una sexta parte del comercio mundial de mercancías.
Los datos de UNCTAD para el primer semestre de 2026 apuntan en la misma dirección. El comercio de minerales críticos aumentó 38%; el de semiconductores, 25%; el de baterías, 15%; y el de productos de tecnologías de la información y las comunicaciones, 14%.
La tecnología vuelve así a desempeñar su doble papel histórico: integra y fragmenta al mismo tiempo. La IA crea nuevas interdependencias y expande la demanda internacional, pero también concentra capacidades que los gobiernos consideran esenciales para su seguridad y autonomía.
No estamos frente a una economía mundial que simplemente se divide en bloques cerrados. Estamos frente a una estructura más compleja, en la que determinadas tecnologías y relaciones se desacoplan, mientras otras se vuelven más densas y estratégicas.
Administrar la divergencia
El principal desafío continúa siendo institucional. El sistema multilateral construido después de la Segunda Guerra Mundial fue concebido para promover la convergencia, no para administrar una situación en la que la tecnología, las políticas públicas y la geopolítica avanzan rápidamente en direcciones diferentes.
Una adaptación coordinada entre las principales economías sería la respuesta más eficiente, pero parece políticamente improbable. La pregunta relevante, entonces, es cómo puede la economía mundial preservar la cooperación en ausencia de esa coordinación.
Cuando no sea posible alcanzar acuerdos universales, los acuerdos regionales abiertos y los mecanismos plurilaterales pueden ofrecer caminos alternativos. También puede ser necesario reconsiderar si la regla del consenso continúa siendo apropiada para todas las decisiones adoptadas por organizaciones como la OMC.
Las coaliciones voluntarias ofrecen otra posibilidad: permitir que los países dispuestos a avanzar más rápidamente lo hagan, manteniendo esos acuerdos abiertos a futuros participantes. El objetivo no es reemplazar el multilateralismo por bloques cerrados, sino introducir distintas velocidades dentro de una arquitectura común.
La evidencia de 2026 muestra fragmentación y resiliencia al mismo tiempo. Algunas relaciones comerciales se debilitan, mientras otras se fortalecen. Las cadenas regionales adquieren mayor densidad, pero conservan conexiones globales. El comercio Sur-Sur se expande y la inteligencia artificial genera nuevos intercambios incluso mientras intensifica la competencia estratégica.
Por eso el eclipse continúa siendo una metáfora apropiada. La globalización ha perdido parte de la luminosidad y el dinamismo que adquirió después de la Guerra Fría, pero no ha desaparecido. Se está reorganizando.
La cuestión ya no es cómo regresar a la globalización del pasado, sino cómo construir reglas e instituciones capaces de administrar una economía mundial en la que la interdependencia convive con la rivalidad.
Referencias
Baldwin, Richard, y Michele Ruta, eds. (2025), The State of Globalisation, CEPR Press.
Baldwin, Richard (2026), World War Trade: Conflict, Containment, and the Emergent World Trading Order, CEPR Press.
OCDE (2026), Global Value Chain Repositioning.
UN Trade and Development (2026), Global Trade Update, julio-agosto de 2026.
Organización Mundial del Comercio (2026), Global Trade Outlook and Statistics.