Opinión

La Sociedad del Futuro

El futuro del Trabajo y la Inteligencia Artificial

Unos días atrás, mientras repasaba las noticias – como suelo hacer –, un titular captó mi atención: Moderna, la empresa farmacéutica, anunció que fusionaría sus departamentos de Recursos Humanos y Tecnología en una sola unidad, bajo el liderazgo de un Chief People and Digital Technology Officer.

En colaboración con OpenAI, Moderna desarrolló alrededor de 3.000 GPTs personalizados para automatizar tareas, desde apoyar ensayos clínicos hasta redactar respuestas regulatorias. Esta iniciativa ha aumentado significativamente la agilidad en la planificación de su plantilla.

Movido por esta noticia, busqué más casos y encontré varios: IBM, Unilever, Accenture, Amazon y SAP. Cada vez más compañías están uniendo RR. HH. con TI para modernizar y optimizar la gestión del talento.

La IA lleva tiempo siendo utilizada como asistente virtual para tareas rutinarias, como resumir contenido o preparar análisis básicos. Pero conforme sus capacidades crecen, la línea entre “asistir” y “reemplazar” trabajos de cuello blanco se difumina.

IBM, por ejemplo, implementó asistentes virtuales con IA para gestionar consultas internas de RR. HH. Herramientas como Watsonx Orchestrate automatizan tareas repetitivas, y plataformas como YourLearning ofrecen formación personalizada basada en IA. Estas innovaciones han reducido costos operativos y acelerado la atención a los empleados.

Unilever adoptó herramientas como Pymetrics para evaluaciones cognitivas (usando juegos) y HireVue para análisis de entrevistas con IA. Esto agiliza la selección de CV, evalúa el comportamiento, promueve la diversidad y reduce el tiempo de contratación hasta en un 75 %.

Accenture se enfoca en optimizar la asignación de talento para alinearla con los objetivos del negocio. Utilizan gemelos digitales para modelado predictivo y simulaciones de IA para probar estrategias de RR. HH. antes de implementarlas.

Amazon, por su parte, potencia la eficiencia en contratación y retención, sin descuidar el uso ético de la IA. Sus sistemas monitorean la productividad y el desempeño, y se ajustan continuamente para minimizar sesgos.

SAP, en tanto, ha lanzado más de 25 funciones de IA generativa, que incluyen herramientas para resumir contenido, mapear competencias y asistir en redacción. Acompañado de un fuerte enfoque en ética de datos y gobernanza, esto les ha permitido acelerar el servicio en un 45 % y mejorar la precisión en evaluaciones de RR. HH.

Estos casos demuestran que la IA seguirá transformando el trabajo. La adopción estratégica de IA – con el objetivo de mejorar el desempeño, reducir costos y elevar la experiencia del empleado – probablemente se acelerará en el corto plazo.

Sin embargo, persisten desafíos significativos y aún no resueltos. La implementación ética, la transparencia y la reconversión laboral son fundamentales para garantizar una transición sostenible. 

Pero quizás lo más inquietante sea la práctica emergente de definir “quién hace qué”: la asignación tajante de tareas a humanos o a sistemas de IA, guiada muchas veces únicamente por criterios de eficiencia operativa. 

Las preocupaciones sobre la rapidez de este cambio y la capacidad de adaptación de la fuerza laboral se multiplican. Plantean interrogantes profundos sobre el futuro del empleo, la dignidad en el trabajo y el equilibrio de poder dentro de las organizaciones.

Históricamente, las revoluciones tecnológicas han transformado procesos productivos y estructuras laborales. Pero la velocidad y el alcance de la disrupción causada por la inteligencia artificial podrían superar cualquier precedente, alimentando predicciones alarmantes.

En una reciente entrevista con CNN (en línea con lo dicho a Axios), Dario Amodei, CEO de Anthropic —una de las principales compañías de IA a nivel mundial— advirtió a los gobiernos y al público.

Según Amodei, la IA podría eliminar hasta la mitad de los trabajos de nivel inicial en sectores de cuello blanco, llevando el desempleo al 10-20 % en los próximos uno a cinco años (en los Estados Unidos). Instó a empresas y gobiernos a dejar de “endulzar” las consecuencias reales: pérdida masiva de empleos en áreas como tecnología, finanzas, derecho y consultoría, especialmente en roles junior.

¿Esto ya está ocurriendo?

Mark Zuckerberg, de Meta, ha sugerido que los trabajos de codificación de nivel medio podrían desaparecer pronto – quizás este mismo año. Elon Musk, en X, predijo que agentes de IA como ChatGPT o DeepSeek superarán a médicos y abogados, generando desempleo global al ofrecer análisis médicos y legales más precisos.

Titulares recientes respaldan estas inquietudes. Axios reporta que Microsoft despidió a 6.000 empleados (un 3 % de su plantilla), incluidos muchos ingenieros. Walmart recortó 1.500 puestos corporativos para optimizar operaciones. CrowdStrike, empresa de ciberseguridad en Texas, eliminó 500 plazas (5 %) citando un punto de inflexión: la IA transforma todas las industrias.

Aneesh Raman, Chief Economic Opportunity Officer en LinkedIn, señaló en un artículo de opinión en el New York Times que los “peldaños más bajos” de muchas profesiones – desarrolladores junior, asistente legal, recién graduados y trabajadores minoristas de entrada – ya están siendo desplazados por chatbots y otras herramientas de automatización.

Aunque este escenario no se materialice tan rápido como se predice, e incluso si es exagerado, se necesitan respuestas políticas urgentes. El sistema tributario, por ejemplo, podría requerir una revisión profunda.

Amodei propuso un “token tax”: un pequeño porcentaje (por ejemplo, 3 %) de los ingresos que genera cada uso que genera ganancia de un modelo de IA, recaudado por los gobiernos y redistribuido. Los fondos podrían demorar el desplazamiento laboral al apoyar el reciclaje y desarrollo de competencias, brindando a los trabajadores más tiempo y recursos para adaptarse — e incentivando a las empresas a hacer lo mismo.

El liderazgo será clave. Empresas y gobiernos deben afrontar esta realidad con decisión, preparar a las personas y estructuras, y conducir la transición con claridad y propósito. Esa es la única manera de asegurar que esta transformación se gestione del modo más humano y eficaz posible.

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